Artículo 29 de la Declaracion Universal de los Derechos Humanos.
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
19 marzo 2006
03 marzo 2006
Joaquìn

Cuando mi existencia se extinguìa, y todo lo conocido bregaba por el fin, naciò un nuevo dios, Mi Dios, que es el que me da vida cada dìa; que es el que ha despertado, nuevamente, mis ansias de luz.
Mi hijo, mi Dios, la personificaciòn de mi amor, y màs, la transubstanciaciòn de mi amor, que al partirse en dos no es mitad, sino dos veces si mismo...
...Y hoy, hoy que estàs lejos, vuelvo a ocultarme en la noche -el unico terreno que quizàs conozco- hasta que regrese el dia de volver a jugar con vos.
Cristian
12 febrero 2006
XII (U otra de las elucidaciones sin ganas).
Cada hombre es -con variable profundidad- fundamento y refutación de si mismo, por esto y más, cada hombre es un pasajero de la angustia, o lo que es lo mismo, de su propio rechazo. Cuántas veces he llegado a la conclusión de que no se cree en el azar por la simple razón de que es un acto temerario.
Allí donde el azar no puede disimular su existencia aparece la sombra amarga de la soledad; pero no la que se satisface con la presencia de un variable "alguien más", sino la soledad existencial y el pánico.
En cierta manera somos participes de la misma circunstancia, y devenimos en compañeros de naufragio... y es allí, en los violentos arrebatos del existir donde se busca desesperadamente el elemento salvador que mantenga a flote nuestros sueños. Porque al cabo... los sueños son nosotros mismos en la confrontación plena de la necesidad de vivir, son el recordar que aun existimos. La realidad -con distinta suerte- irrumpe y difama estas fantasías, quiebra sus espaldas de a golpes fraudulentos.
Pero somos hombres y buscamos escapar de la constancia de la angustia, así logramos en forma constante inventar nuevos delirios... ¿Qué sería de nosotros si no fuéramos mistificadores? No lo se... el realismo es una rara utopía que roza el estoicismo en su versión más sórdida. Son esas mordaces invenciones los pequeños prodigios que nos sustituyen de nosotros mismos, los que nos hacen dioses... Hoy soy dios, hoy he aprendido a asumir la responsabilidad de mis mediocres artilugios.
Allí donde el azar no puede disimular su existencia aparece la sombra amarga de la soledad; pero no la que se satisface con la presencia de un variable "alguien más", sino la soledad existencial y el pánico.
En cierta manera somos participes de la misma circunstancia, y devenimos en compañeros de naufragio... y es allí, en los violentos arrebatos del existir donde se busca desesperadamente el elemento salvador que mantenga a flote nuestros sueños. Porque al cabo... los sueños son nosotros mismos en la confrontación plena de la necesidad de vivir, son el recordar que aun existimos. La realidad -con distinta suerte- irrumpe y difama estas fantasías, quiebra sus espaldas de a golpes fraudulentos.
Pero somos hombres y buscamos escapar de la constancia de la angustia, así logramos en forma constante inventar nuevos delirios... ¿Qué sería de nosotros si no fuéramos mistificadores? No lo se... el realismo es una rara utopía que roza el estoicismo en su versión más sórdida. Son esas mordaces invenciones los pequeños prodigios que nos sustituyen de nosotros mismos, los que nos hacen dioses... Hoy soy dios, hoy he aprendido a asumir la responsabilidad de mis mediocres artilugios.
09 febrero 2006
Los Nadies (El sueño de los inmortales)
Mientras mi rumbo se encontraba a las 6 de la madrugada por la avenida, y la luna de los pobres diablos iluminaba a los góticos con todo su fetiche, algo sucedió.
Quizás fueron las demasiadas horas de vigilia, quizás los salvajes días anteriores, no sé… quizás me encontré a solas con el orbe, sin ilusiones, sin piedad. Me enfrenté a la noche con todo el peso de mi leyenda… y verdaderamente recordé tarde que mis mentas superan, y a veces en demasía, a mis talentos.
Seguir Leyendo...
Apabullado y solo, comprendí a Baudelaire, o más bien, odié a Baudelaire, me convertí en un fragmento de les fleurs du mal, sentí el aire opresivo de sus letras recorriendo mi sangre, estuve atrapado, fui un flaneur -Aunque ya no recuerdo como redactar este vocablo… aunque ya poco importe-.
Los paralelismos entre Baudelaire, Proust, y esos -Acaso- cinco minutos de mi noche, son vertiginosos, ciertos, grandilocuentes.
La realidad -lo que osamos llamar realidad- se construye de a pequeños fragmentos, los que sistemáticamente son reacondicionados y forzados a cuajar, así denominamos "lo real" al interjuego facineroso de la imaginación y el miedo.
¿Acaso nunca se pensó en la posibilidad de que nada tenga sentido?
Esos -Acaso- cinco minutos fueron macabros e iluminadores, no pude soportarlo -Como siempre sucede con las cuestiones dables de ciertas-. Cayó la máscara de Dios, y detrás se encontraba (se escondía) la nada, la Nada Absoluta, que en algún sentido debe ser un tipo de Dios.
Desde aquella madrugada terrible, invariable, eterna, varias cosas han cambiado. Ya no repudio a los pordioseros, tampoco a los patanes, puesto que en cierta manera nos une el secreto y una hermandad invisible; y por otro lado, río cínicamente cuando los ilusos, aquellos oscuros nigromantes que creen tener el poder de los profetas y de los cientistas, dicen: ¡Eres poco realista!
Quizás fueron las demasiadas horas de vigilia, quizás los salvajes días anteriores, no sé… quizás me encontré a solas con el orbe, sin ilusiones, sin piedad. Me enfrenté a la noche con todo el peso de mi leyenda… y verdaderamente recordé tarde que mis mentas superan, y a veces en demasía, a mis talentos.
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Apabullado y solo, comprendí a Baudelaire, o más bien, odié a Baudelaire, me convertí en un fragmento de les fleurs du mal, sentí el aire opresivo de sus letras recorriendo mi sangre, estuve atrapado, fui un flaneur -Aunque ya no recuerdo como redactar este vocablo… aunque ya poco importe-.
Los paralelismos entre Baudelaire, Proust, y esos -Acaso- cinco minutos de mi noche, son vertiginosos, ciertos, grandilocuentes.
La realidad -lo que osamos llamar realidad- se construye de a pequeños fragmentos, los que sistemáticamente son reacondicionados y forzados a cuajar, así denominamos "lo real" al interjuego facineroso de la imaginación y el miedo.
¿Acaso nunca se pensó en la posibilidad de que nada tenga sentido?
Esos -Acaso- cinco minutos fueron macabros e iluminadores, no pude soportarlo -Como siempre sucede con las cuestiones dables de ciertas-. Cayó la máscara de Dios, y detrás se encontraba (se escondía) la nada, la Nada Absoluta, que en algún sentido debe ser un tipo de Dios.
Desde aquella madrugada terrible, invariable, eterna, varias cosas han cambiado. Ya no repudio a los pordioseros, tampoco a los patanes, puesto que en cierta manera nos une el secreto y una hermandad invisible; y por otro lado, río cínicamente cuando los ilusos, aquellos oscuros nigromantes que creen tener el poder de los profetas y de los cientistas, dicen: ¡Eres poco realista!
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