09 marzo 2007

Cursis líneas de madrugada


Sé que dirás que a estas horas ya debería estar durmiendo, que tengo mal semblante, que debería descansar. Que son las cinco de la madrugada, que va siendo hora de dejarme de joder con estas cosas, poner a un lado los libros, los apagar las luces y dejar de pensar.

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Sé que también dirás que tendría que cuidarme, fumar menos, comer a horario, salir al sol, sonreír más, enervarme menos, dejar de disparar sobre todo lo que se mueva y, por lo menos por una vez, abandonarme a las caricias de lo caminado hasta hoy. Sé que lo dirás con cierta esperanza escéptica –porque esto también es posible-, con briznas de desencanto. Y que con la mirada perdida entre la realidad y el sueño, suspirarás con ternura ante mis raptos melancólicos o mis explosiones creativas de eufórico sadismo.

Sé que no lo dirás por decoro, pero tus ojos delatan que detrás del monstruo de palabras contundentes han encontrado al muchacho que a veces dubita, solitario, como perdido entre el amorfo de gente que camina con sus predicaciones de autocompadecencia, como si vivieran transitando su muerte… quizás la muerte sea su propia existencia, o viceversa.

Son las casi las seis de la mañana, y recaen sobre el ventanal las nuevas luminiscencias. Las veo y no… en realidad no me atrevo a hacerlo, porque comprendo que significa un nuevo día sin vos, de filosófica soledad, de un supuesto ontológico que se cae a pedazos. A veces me gustaría jugar a que no existís, como una gran contradicción, y que aun soy invulnerable, erudito y ecléctico. Sería un juego absurdo, en donde la nada ya no sería arbitraria, sino inimaginable; no me atrevo a conjeturar si sería o no el mismo.

Pero lo cierto es que hoy… hoy te extraño con la fuerza de lo inexorable, y necesitaba escribirte estas pocas y cursis líneas, tan lejanas a mi estilo y tan propias, anhelantes de vos, siempre de vos poeta…

24 febrero 2007

Las huellas...

Las fotos no forman parte de la verdad, son recortes, raras improntas de lo que ya no volverá. Quizás lo importante, en si, no sean las imágenes, sino los sentimientos que van ligados a ellas.

Las fotos, como antes dije, no forman parte de una verdad formal ya que siempre quedan, inexorablemente, fuera de contexto. Pero si nos dan otra profundidad del término verdad, el poético, es ahí donde adquieren sentido todas las cuestiones del pasado.

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Sé que quizás lo podría haber hecho mejor, pero también sé que cualquier intento por arreglarlo lo convertiría en una hipocresía.

Mi soledad es honda cuando mi niño está lejos, pero el recuerdo del fino velo de su sonrisa me traen a la vida una y otra vez.

Es verdad, lloré haciendo esto. A veces soy humano.



04 febrero 2007

Escritor de vacaciones

Al fin, luego de cinco años me tomo unas buenas y –a mi juicio- merecidas vacaciones. Así que por lo menos por 15 o 20 días no esperen nuevos escritos, ni palabras, ni fotos, ni nada de nada.
Agarro mi valija, mi guitarra y mi poeta, y ya me largo de aquí.

Nos vemos con nuevas e ineluctables historias, crónicas, cuentos o simples cavilaciones.

Nos estamos viendo.

18 enero 2007

Ezeiza

Cuenta la mitología suburbana, saturada de vaqueanos, punks y transformistas, que cuando se comienza a residir en una ciudad como José María Ezeiza, donde el silencio suele ser tan amplio como las extensiones verdes, sobrevienen los estertores libertinos del alma que propende al bullicio; luego, ésta se acostumbra –forzosamente, por simple contacto con la irrealidad preponderante-, a sus distintas vicisitudes macilentas.

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El individuo comienza a tragar el agua con plutonio sin adquirir superpoderes, más allá de alguna incierta y difamatoria –dicen algunos-, probabilidad de contraer algún raro tipo cáncer hepático o colónico; comprende que los objetos que penden del cielo oscuro de la noche son aviones, y que se mantienen allí más por el objeto del Azar que por una eficiente o espartana tarea oficial.

Con el tiempo, tampoco resulta sorprendente que las muchachas mantengan su ancestral virtud de tener el No difícil, y que la masa poblacional a la cual nos referimos sea poseedora de una evidente nulidad metafísica, o a una idea compleja de la realidad; para estas gentes, Dios no se comprende en la suma de virtudes, en el estudio acabado de los colagogos teológicos o en la dialéctica hegeliana, sino que se evidencia en su total vigor en un número de quiniela, en una lluvia apropiada o en la muerte de la persona aborrecida. Dios aquí, es los efectos probables de un dios, o mejor dicho, la creencia en los efectos probables de un dios, donde el azar no se conjuga o visualiza como tal, sino como una especie de perversa predestinación, y los hechos no se elucidan como una suma factorial que llevan a determinada situación, sino como un suceso mágico, ecuánime, taxativamente no contrariable.

El individuo de las afueras de la ciudad –Pero no por eso ajeno o ausente de la misma-, no quiere o no puede comprender las relaciones dialécticas, que detrás de una verdad rayana suele acumularse una sumatoria de fuerzas oratorias, dicho en otras palabras, que detrás de la verdad existen las oscuras manipulaciones que crean la verdad. Por lo cual adolece de una inocente bonhomia, casi infantil, que le lleva a tomar la palabra empeñada como una rúbrica, y a mirar con cierto desdén los contratos certificados y la palabra escrita.

Luego, el acostumbramiento acontece con las distintas vulgaridades pueblerinas, las marchas peronistas, las diatribas antiperonistas, las relaciones interpersonales estrechas, tan estrechas que abrumarían al mismo Durkheim; la necedad de la linealidad histórica, la congratulación pagana a los shamanes, y a la dependencia religiosa de los mayores. En realidad, la religión oficial es la Católica Apostólica Romana, pero con ribetes paganos en sus ritos. Los citadinos desconocen que todo rito es la recreación del hecho que lo precede milenariamente, por lo que no caen en cuenta de la profunda contrariedad de sus innovaciones. Últimamente, se ha incrementado fuertemente la tasa de otros cultos, tales como el de los Evangelistas o de los Testigos de Jehová, esto ha llevado a un intento de aggiornamiento por parte de la oficialidad, que quedó hundido en el fracaso, ya que, el alma matter del catolicismo es su innovación lenta, a través de siglos de bastas contradicciones.

Los hombres de la ciudad son silenciosos, raudos, solitarios. Solo las festividades calendarias los encuentran reunidos en una mesa festejando con sonrisas de alcohol el advenimiento de cuestiones en las cuales no creen. Familias y amigos –los cuales suelen ser otras familias enteras-, se reúnen y discuten sobre las banalidades del día o del año, que generalmente es un único e invariable gran día. También los encuentra el fallecimiento de algún conocido, o el nacimiento de un nuevo muchacho.

Bastará decir, como dicen las señoras aquí, uno se acostumbra a muchas cosas, hasta a la soledad, pero nunca, nunca en la vida uno se acostumbrará a ver a un político honesto. Por eso, ante esta fluctuación o contradicción del cosmos, los vecinos de la ciudad se reúnen en una masa compacta y efusiva para dirigirse a la propiedad del individuo en cuestión e incendiarla por haber osado contravenir el eidos local. El nuevo funcionario, pobre, habiendo perdido el respeto de la comunidad, quedará en claustrado en un miserable vacío social del cual ya no podrá salir; estos neófitos del campo público, por lo general, acaban por mano propia con su vida y con sus miserias, dejando su familia al arbitrio de un funcionario tanto o más corrupto de lo que la población requiere.

Ezeiza, como antes lo dije, ignora –quizás adrede- la linealidad témporo-histórica; por lo que elucidan el tiempo y el transcurso del tiempo como un circulo, un ciclo en el cual todo está destinado a reiterarse. Así, el político honesto sufrirá eternamente el escarnio y el suicidio.

Ayer me he entrevistado con uno de los estudiosos locales, que son pocos, obesos y poderosos, y me ha dicho el secreto, el oscuro secreto que convierte a la sociedad de Ezeiza en esta suma de particularidades. Me dijo:

“Sabrá usted mi estimado Maier, que el todo está destinado a repetirse. Así no hay amanecer que haya ya sucedido, o incendio que no se haya ya provocado, o muerte que no se haya repetido. La muerte del hombre no es la liberación del hombre, es la reincursión escatológica a su pasado, y al pasado de su pasado. Por eso aquí aniquilamos a los mendigos, para que sean los otros –nosotros mismos en idénticas circunstancias-, los que se encarguen de buscarle una solución al problema. Usted mismo ha escrito ya este articulo, lo ha publicado, ha intentado huir de esta ciudad, y un disparo –siempre el mismo disparo-, lo ha detenido antes de cruzar la frontera”.

Escuchadas estas palabras, saludé con la sorna que me permitió mi orgullo germánico, regresé a la posada, envié una carta al director del tabloide con los rudimentos de la nota, y me marché de allí, a toda velocidad.

Ahora estoy a pocos kilómetros de la frontera y sigo pensando en las palabras del sabio ¿será ese zumbido el mismo zumbido que siempre, a lo largo de las existencias decadentes he escuchado?

14 enero 2007

Cólera del Argos (Sobre el amor, el pasado y sus artificios)

“Tajante es la decepción de aquellos que pusieron su esperanza sobre las runas cotidianas de una sonrisa acechante. ¡Mírate! Ahí, llorando por lo desconocido y las insinuaciones de lo desconocido.

Tu que creíste tiernamente en el amor, y hoy, arrodillado, sientes el rubor de tus mejillas explotar en mil colores; tu que esperaste del pasado la redención de tus heridas y de tus paupérrimas visiones, con tus apócrifas delaciones metafísicas, tan anhelantes como erradas. ¡Tu que quisiste ser otro hablando el idioma de los otros! ¿Acaso supusiste que alguna vez te creerían? ¿Qué no tomarías el epiteto de farsante? ¿Qué hablarías tan bien su lenguaje de muecas y contradicciones?

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Mírate, comprende de una vez que tu pasado no merece perdón ni explicaciones por el solo hecho de que es irremediable. Solo existen aquellos que logran afrontarlo; y los otros, los que se desmoronan bajo el peso de una historia insurgente y húmeda, una mistificación del duelo de los nigromantes. Y tu… tu no eres de los afortunados.

Míralos ¿creés que podrían comprender tus palabras aun en su vulgata? ¡Ve, juntate con aquellos negadores de la vida, que adoran los maderos y los templos de platón! ¡Ve, esfúmate entre la nada rencorosa que los circunda, busca el amor y el fracaso del amor! Busca las cosmovisiones y sus rupturas. Y cuando al fin, ya roto y desgastado, nihilista y apolíneo, arrastrándote sobre tus sucios pies de mortal vuelvas a mi, yo mismo curare tus difamaciones con mis dagas y el peso metafórico de mis dagas. Con la fuerza irreversible de lo dionisiaco”.

De esta manera Argos abofeteaba al escritor cierta noche bajo la luz esporádica de una luna imperceptible, mientras entre sus convulsiones de gracia perversa dejaba entrever la cuenca de sus encías ennegrecidas. El escritor, como una amarga proeza, sacudió su cabeza, como intentando evitar que aquellas palabras forjadas con la delicadesa de un órfebre sobre la furia incontenible de Argos se clavaran con demasiada profundidad en su carne... quizás ya era tarde.

11 enero 2007

Cólera del Argos (Maldito Blog)

Una cosa en común tienen los blogs y las editoriales de autor: Han destruido la literatura.

No es novedad, pero el formato de la bitácora ha permitido que todo aquel que lo desee abra sus puertas literarias al mundo, aunque estas sean un eufemismo, una parodia insulsa del acto de escribir ¿Qué se encuentra en un blog promedio? Es difícil encontrar algo más que palabras vacías y autoreferenciales, sin trascendencia ni gusto estético. Hay excepciones –esta bitácora difícilmente sea una de ellas-, pero lo cierto es que escribir también es un arte, y no todos son artistas de las letras.

Lamentablemente hay quienes piensan que este formato es el paso próximo de la literatura hacia un futuro no muy lejano ¿Pero de qué vale ese paso a futuro si nos encontramos con millones de páginas dedicadas a la intrascendencia de la rayana mediocridad? En un futuro así, quizás Corín Tellado sería merecedora del premio Nobel de literatura.

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Es cierto, la literatura actual se encuentra en una crisis donde el arte agoniza en pos del negocio editorial. También son verdaderas las trabas que deben sortear los autores nóveles para poder publicar en un gran sello editorial. Teniendo en cuenta que gran sello editorial no significa, per se, masividad.

Literatura mala e irrelevante ha existido siempre ¿Sino cómo calificaríamos la obra de Paulo Coelho o de Stephen King? La problemática comienza cuando el bajo nivel comienza a ser la norma, cuando se adolece de facilismo intelectual, cosa muy común en el ámbito blogger y en las ediciones de autor; y cuando se confunde lo masivo con lo virtuoso. Aquellos dos escritores son en si masivos, pero carecen de todo tipo de atributo, haciendo un abuso arbitrario del vacío intelectual para suplir las carencias primordiales.

La propia virtud del formato de blog, la falta de impedimentos a la hora de publicar, funciona de lastre, como un nivelador negativo a nivel cultural. Esa potencial herramienta a favor de la escritura ha devenido en un funcionamiento a la inversa: el pérfido albur del imbecil*. Dentro de este panorama oscuro hay una nueva buena: estadísticamente la gran mayoría de los blogs no supera los tres meses y quedan allí abandonados –afortunadamente- en la nada. Puesto que cuando se adolece de ignorancia ¿de qué diablos se puede escribir? Solamente sobre lo ya escrito, con variaciones efímeras y chabacanas, como una demagogia cíclica y etcetérica.

Por todo esto, en general no suelo leer blogs… solo a veces, como una vacilación infinita de cierta esperanza embriagadora que a veces me aprisiona y luego, de manera espasmódica, me deja sumido en la depresión. Otras veces siento el asco profundo ante la imitación simiesca de la literatura (en cualquiera de sus ramas), y prefiero seguir leyendo a Chesterton, o a Nietszche. Lamentablemente en estos últimos tiempos comienzo a sentir la indiferencia atroz que aparece imperceptiblemente sobre esos graves vejámenes que vemos a diario.

*Imbecil: es un término de origen latino, etimológicamente “Imbecillis” el cuál se aplicaba a los débiles y/o enfermos. Luego, no es raro que en la actualidad se aplique como analogía a la debilidad mental.
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